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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Póngame una de cabreo, por favor.

Que rabia, de verdad, que rabia. Creo que nos hemos vuelto todos locos. Últimamente no paro de ver proyectos, pequeños y medianos que se van al garete. Proyectos llenos de ilusión, de ganas, de ideas nuevas y frescas que no sobreviven no se a qué, si a esta crisis, al empuje de las grandes superficies o al embobamiento y la imbecilidad general. 

Porque , tú me dirás, ¿cómo puede ser que propuestas nuevas, diferentes, no encuentren su hueco en este mundo globalizado? ¿Es que se nos ha atrofiado ya tanto el gusto que no sabemos apreciar lo especial, lo diferente? Y no hablo sólo de ropa, sino en general, conozco proyectos de hostelería que apostaban por ofrecer una experiencia más amplia a los consumidores con conciertos, talleres y demás y que tampoco han resistido... 

Esta claro que la falta de ayudas y de apoyo al pequeño emprendedor no ayuda un pelo. Yo cuando abrí la tienda hace ya cuatro años no vi un duro de las instituciones y no porque no cumpliera requisitos o no las pidiera sino porque el dinero “se había acabado”. Y de eso también me tuve que enterar por segundas personas, porque todavía estoy esperando que me respondan a la solicitud... y a la posterior reclamación al no recibir contestación, y es que a parte del dinero parece que también se acabaron las buenas formas y después de rellenar montañas y montañas de papeles no me merezco ni una sencilla carta con una mínima explicación. Pero bueno, que me voy por los cerros de Úbeda.

Que estoy muy triste, o muy cabreada, o todo junto a la vez porque veo como mi ciudad va perdiendo comercios, nuevos y de toda la vida (aquí no se salva nadie) frente a grandes cadenas que copan las mejores localizaciones de la ciudad. Y los demás picoteando las migajas que ellos dejan. Y claro, no llega para todos. Y gente que vale mucho, que le ha echado un montón de ganas y de cojones se queda pues eso, con las ganas, porque a pesar de devanarse los sesos y currar todas las horas inimaginables, su proyecto no le da para vivir, y me incluyo, porque ya sabéis, cuando veas las barbas de tu vecino pelar... pon las tuyas a remojar...


Y no os quiero ni contar la de tiendas de niños que han cerrado en Donosti desde que yo he abierto la mía... el empuje de las grandes cadenas no nos hace ningún favor y el pez grande se come al chico. Y no sólo en Donosti, tiendas por todo el país que eran referencia para mí, un modelo a seguir, han cerrado sus puertas en los últimos meses.

¿Y qué hacer? Yo os juro que se me agotan las ideas, curro como una loca y hago todo lo que puedo pero... parece que nunca es suficiente. Al final pocos son los que aprecian la calidad, la producción local, el pago de honorarios justos, el diseño... y muchos los que sólo compran basándose en el precio marcado en la etiqueta.

Está claro que los tiempos están achuchados pero a mí no deja de parecerme irónico cuando me dicen que no se pueden comprar esa camiseta porque cuesta 50€ (40€, 30€?) cuando sé que en su armario se acumulan las camisetas cutres de 3€, 5€... Al final se han gastado mucho más de lo que costaba esa camiseta en cuatro trapos de pésima calidad y que le van a durar dos puestas. 

Yo me incluyo, sí, ¡claro!, yo también peco, es difícil sustraerse al pensamiento “Bah! Total por los dos duros que cuesta...” Y te la llevas... Pero así vamos mal, de culo, os lo digo yo. Todo el beneficio para los mismos a costa de nuestra ignorancia y del trabajo esclavo de muchos. 


Y los de allí abajo mueren confeccionando mierda y los de aquí arriba moriremos también a base de ahogar la economía local, de no comprar y no dar nuestro dinero al vecino del quinto que tiene una carnicería o a la novia de mi amigo que tiene una tienda muy mona, porque total su tienda es más cara (o no, que eso también ocurre). Y llegará un momento que ni el vecino del quinto ni la novia de tu amigo tendrán curro y no podrán gastar dinero en tu empresa y entonces tú también te irás a la calle y ¡ale! ¡ya estamos todos igual! Y a tu empresa le dará igual porque total ya contratará a alguien en la otra punta del mundo que le hará lo mismo que tú pero a una tercera parte del precio... Colapso total.

Así que, ¿qué es lo que estaba yo diciendo? Que cada día mueren millones de proyectos e ilusiones personales, ideas frescas, creativas, con ganas, con empuje... y nosotros decimos “¡Oh! ¡Que pena! Han cerrado tal tienda” y seguimos amodorrados en nuestro consumismo pasivo dentro de las grandes compañías, justo allí donde quieren que estemos, sin movernos, sin dar el paso de apoyar a los que realmente se lo merecen.

Una pena, mucha rabia.   

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